Las verduras y frutas pueden aparecer en cualquier momento en un día lluvioso. Cuando leemos, nos aportan una sensación de comodidad. Cuando descansamos, nos ayudan a mantener el equilibrio. Cuando charlamos, crean un ambiente agradable.
El consumo habitual de verduras y frutas hace que los días lluviosos sean menos tristes. La familia se siente más unida. El espacio vital se vuelve cálido y familiar.
